Reflexión Dominical

29º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Muchas veces oramos como Santiago y Juan: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir” (Mc 10, 35). Aquí no se tiene en cuenta cuál sea la voluntad de Dios, como si se cambiara el Padre Nuestro y dijera ahora “hágase mi voluntad…” Y ¿qué es lo que quieren? ¡Poder! Sentarse a la derecha y la izquierda de Jesús para poder dominar a otros. El deseo de poder es una gran tentación.

Jesús, en cambio, les ofrece la cruz, representada en ese beber la copa y recibir el bautismo que él mismo va a recibir. ¿Pueden hacer eso? Con mucha seguridad responden que sí pueden, de la misma forma que nosotros creemos poder hacer lo que sea. Hay algo de arrogancia en esa respuesta. Sin la ayuda de la gracia de Dios no podemos hacer nada.

El Señor les recuerda a ellos y a nosotros que sus seguidores no están para imponer y dominar sino para servir, en la misma forma que él ha venido a servir y a “dar su vida como rescate por muchos” (10:45). Pidámosle hoy que nos ayude a ver que la verdadera grandeza se encuentra no en mandar sino en servir. Que Dios los bendiga.

PS: El Arzobispo Wenski ha solicitado una segunda colecta el próximo domingo para ayudar a las vícitmas del huracán Michael. Agradecemos su generosidad.


P. Luis R. Largaespada

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Reverencia a la Eucaristía

HAY CIERTOS GESTOS que nos señalan como católicos, y la genuflexión es ciertamente uno de ellos. Ese pequeño doblar la rodilla no se usa casi nunca en la vida diaria. Para los católicos es un movimiento instintivo.

El reservar la Eucaristía y darle reverencia fueron marcas de la práctica de la Iglesia desde los primeros siglos y en lugares tan distantes entre sí como Roma y el norte de África… Sabían entonces, como lo sabemos hoy, que Jesús está realmente presente en el Santísimo Sacramento, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Esa presencia es duradera; y si lo es, hay que darle reconocimiento. Adorarlo… Si, como dice san Pablo, “al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo, la tierra y el abismo” (Fil 2, 10), ¡cuánto más ante su presencia corporal!

Hoy día nuestras iglesias guardan las hostias consagradas en una estructura llamada tabernáculo o sagrario… Por ley de la Iglesia, el tabernáculo debe ser fijo, construido de un material sólido u opaco, y cerrado para evitar totalmente cualquier riesgo de profanación”. “El tabernáculo deberá colocarse en un lugar visible, debidamente adornado y que conduzca a la oración”. De esto se desprende que la intención de la Iglesia es que el tabernáculo sea un lugar de culto divino.

Y por eso hacemos lo que se espera de nosotros. Siempre que pasamos frente al tabernáculo, doblamos la rodilla derecha… Es una forma tácita y poderosa de enseñar la doctrina de la presencia real, y más elocuente que cien catecismos.

Traducción del libro de Scott Hahn, Signs of Life (New York: Doubleday, 2009) Páginas 242,243, 244. Con permiso del autor.

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